miércoles, 15 de julio de 2015

Democracia y formación ciudadana





Introducción
Veremos a bordo que el concepto de formación ciudadana no tiene un significado unívoco.  Por ello la historia de la  formación ciudadana aparece relacionada al procedimiento educativo nacional y a la población infantil escolarizada, pero en la actualidad su uso se hace ampliable, como concepto y como experiencia, para referir a la formación que reciben tanto los ciudadanos como los futuros ciudadanos, a la educación en el ámbito formal (escuela) y a la que se desenvuelve en los espacios informales, y no se constriñe a una definitiva profanidad, ya que demanda una educación permanente a lo largo de la vida.

Desarrollo
 Un buen ciudadano es aquel que conoce y ejerce sus derechos que están garantizados en la ley, y que además sabe de los mecanismos de protección de esos derechos, reconoce la titularidad de los mismos en los demás y asume sus convenios legales y compromisos sociales. Desde este fin abstracto de “instituir buenos ciudadanos” se derivan distintas concepciones y mandatos a la educación.  Para alcanzar que la democracia se sostenga en el tiempo, es importante explicar lo que la democracia realmente puede hacer y educar en valores y prácticas. (Gonzáles, 2010, pág. 36)


Actualmente, los ciudadanos descubren que la democracia puede ser aplicada a otros campos de los tradicionalmente esperados y generan nuevas expectativas sobre su funcionamiento,  juzgándola con base en su experiencia cotidiana. (Gónzales, 2010) afirma: que  al pensar en la formación de los ciudadanos, es necesario entender las restricciones que estos enfrentan en la realidad y considerar, al mismo tiempo, tanto los derechos que los ciudadanos disfrutan formalmente como las condiciones bajo las cuales se ejercen, de manera que se pueda dar cuenta de todas las dimensiones que favorecen o restringen la participación de las personas en el ámbito público. (p.37)

No hay duda de que la educación tiene como fin esencial el desarrollo continuo de las personas y las sociedades, y que las políticas educativas, en tanto criterios permanentes mediante los cuales los gobiernos se relacionan con la sociedad, son una estructuración privilegiada de las personas y de las relaciones entre individuos, grupos y entre naciones; como políticas de Estado tienen, evidentemente, un papel decisivo en la formación de los ciudadanos en las democracias. (Tereza, 2010, pág. 39)

La formación de los ciudadanos capaces de asumir un papel activo en la sociedad acompaña necesariamente las innovaciones democráticas, el desempeño de las instituciones y la evolución de la cultura política de las sociedades, es posible imaginar y pensar en la capacidad transformadora de la educación y sus potencialidades democratizadoras para el país, también  considerar que en tanto la democracia y la ciudadanía son resultado de un proceso “instituyente”, más que de un discurso, reconocimiento o estatus señalados, su carácter inacabado y en construcción abre posibilidades y plantea exigencias a la formación ciudadana. (Tereza, 2010, pág. 42)

Conclusión
 El beneficio de educar a la ciudadanía ciudadanos las capacidades y competencias necesarias para la democracia es para formar mejores ciudadanos” para el procedimiento democrático que, a diferencia de otros órdenes políticos, se define por la reivindicación del conjunto de derechos ciudadanos y   Desarrollar en los ciudadanos y futuros y prácticas para ejercer esos derechos, así como las responsabilidades asociadas a ellos, en su calidad de miembros de una comunidad política determinada.

Glosario:
Unívoco: particular
Escolarizada: establecimiento público  
Ampliable: extenso
Reivindicación: demanda

Bibliografía

Gonzáles, T. (2010). Democracia y formación ciudadana. México: Federal S.A.






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